Los labradores cantan con voz de vino dulce

algo muy parecido a nuestra infancia.

La grana de la ausencia empieza a desbordarse

sobre el muro

de estas largas tardes de cal viva.

Jamás podrán los hombres arrancarse su sangre

ni romper el espacio de las primeras manos

ni detener los barcos que parten con el tiempo.

Los labradores cantan y oscurece otro día

por detrás de los árboles.